Señora que no hace la cama

Ab hoc momento pendet aeternitas.

17 de junio de 2010

Personas, humanos.

Ya me toca poner cosas hardcore. Lo siento, gente, pero me lo han pedido. Tock, tock, tock,... Cada vez que mis dedos presionas estas teclas, cada una de ellas, un pedazo de mi alma se deprende hasta tocar fondo en este blog de mierda. Últimamente creo que el odio ocupa un gran porcentaje de las cosas que desentraña mi psiquismo. Una de las cosas más raras que ocurre en mi cabeza de psicópata es que a cada golpe de batería que escucho me imagino craneos rotos, sangre y más sangre -inconscientemente, claro-. Al final me volveré loca, saldré en los informativos de todo el mundo como una descerebrada que mató a 7 u 8 personas y que, según cuatro gilipollas que no saben nada de mi vida, trataba de emular a cualquier personaje de un videojuego hiperaclamado por los jugadores preadolescentes. Hoy por hoy me quedaría con unas dos o tres personas para contemplar esa montaña de muertos. Y a pesar de todo eso me topo de vez en cuando con personas que aman la vida tanto como yo. Sí, me gusta la vida, pero odio a las personas. Me hacen pensar en el porqué de las cosas y hacen que aprecie la vida en su verdadera magnitud, tal y como decía Nietzsche, sin contar con los vetigios de culturas en las que el resentimiento por la vida era clamoroso. A veces, vomitamos por dentro todas las promesas incumplidas que hacen del odio nuestro amor que hacen de la muerte, nuestra vida.

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